BREVE HISTORIA DE MENORCA


El accidentado paisaje del norte está en severo contraste con el relativamente plano del sur, el cual, surcado por vaguadas y barrancos, ofreció un espacio vital resguardado hace 7.000 años con los primeros moradores de la isla que buscaron abrigo en la infinidad de cuevas naturales allí existentes.

Poco a poco fueron descubriendo la isla y estableciéndose de una manera estable en agrupaciones y poblados con una jerarquía mucho más definida.



Durante la Era del Bronce los primitivos pobladores con sus enigmáticas obras megalíticas levantaron monumentos imperecederos, Taulas, Talaiots y navetas que, con una antigüedad de tres o cuatro mil años, sumergen al espectador en un hechizo, a través los secretos de una época en la que sus creadores llegaron a ser reconocidos como excepcionales honderos.

Muchos visitantes llegaron a Menorca en el curso de la historia, y por más de dos milenios la isla tuvo que acomodarse a diferentes tendencias, credos e imposiciones.

En la frontera entre oriente y occidente, ha guardado para sí misma retazos de ambos lados Romanos, vándalos, bizantinos, normandos conformaron el primer milenio; por varios siglos la habitaron los árabes; los catalanes trajeron nuevamente el cristianismo en 1287; flotas del reino otomano dejaron reducidas a cenizas las ciudades portuarias durante el siglo XVI.


Como colofón, la isla se convirtió durante el XVIII en el balón de juego de los intereses político-militares europeos: tres veces en poco menos de un siglo, interrumpido por un corto período francés y otro español, ejercieron el dominio los ingleses, influyendo una vez más notablemente en usos y costumbres, cuyas repercusiones han llegado hasta nuestros días.

Aunque Menorca volvió al dominio español en 1802, fue tan fuerte la impronta que dejaron los británicos, que no se le puede pasar por alto: de hecho es la menos "española de las Baleares".

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